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Hojas de acero Damasco

El alma de un cuchillo es su hoja, y por ello debe estar confeccionada con los mejores aceros seleccionados según su posterior aplicación.
Los cuchillos de NEGOCIARTE caracterizan por poner especial énfasis en el tratado de sus hojas. Puesto que están hechas con los mejores aceros, no sólo de Argentina, sino también de otros países como: España, Alemania, Suecia. Así nos encontramos con cuchillos de acero al carbono como el SAE 1090, SAE 5160, SAE 9260, SAE 52100; y aceros aleados como el 440 C, N678, ATS 34, O1, etc.
También nos podemos referir a las especiales hojas de acero Damasco. Para tener una noción del material al cual nos estamos refiriendo, debemos remontarnos a más de 3.000 años en el pasado de la historia de la humanidad. El acero Damasco es un acero que fue utilizado en la antigüedad para fabricar espadas. Hoy en día este tipo de acero está difundido en diversas partes del mundo.
Los cuchillos de NEGOCIARTE pueden ser hechos con acero Damasco del tipo japonés (hojaldre) logrando por caldeo en una fragua, tal cual se hacen las Katanas (espada del samurai). Este hojaldre puede llegar a tener hasta 860 capas.
También puede ser hecho con acero Damasco primitivo (India) el cual era utilizado en las espadas Persas. Este tipo de damasco está logrado mezclando los antiguos procesos de forjado con las modernas técnicas de tratamiento térmico.
Las hojas se obtienen por forjado y/o desbastado. Se comienza con el corte de la forma, según su posterior aplicación. Luego se procede al desbaste por medio de piedras esmeriles, con posterioridad se agujerean todos los posibles anclajes al cabo (en caso de ser espiga completa).
El paso siguiente es su templado y posterior revenido que se realiza en hornos con temperaturas de temple superiores a los 1000ºc y una temperatura de revenido de hasta 230ºc.
El revenido se utiliza para liberar las tensiones producidas por el templado, se procede luego al afinado y pulido.
En este momento es que se debe realizar el grabado del logotipo en la hoja, y si la misma fuese de acero damasco sería sometida, al tratamiento (con ácidos) de la superficie, para hacer visible el dibujo que caracteriza a este acero.

Como trabajan los maestros forjadores las hojas de acero damasco que comercializa Negociarte.

ACERO DAMASCO EN CAPSULA

Los grandes maestros forjadores del Acero Damasco utilizan normalmente tres opciones. La primera es trabajar con fuego de carbón. La segunda es trabajar con un horno a gas, e ir agregando algunas piedras de carbón mientras se calienta la pieza.
La tercera opción es la llamada “encapsulado”. Esto es juntar las láminas lo mas finas posible para luego colocarlas en un tubo cuadrado poniendo especial cuidado en no dejar espacios libres, cerrando luego las el tubo por las puntas aplastándolas fuertemente. Hecho esto, se procede a calentarlo hasta que alcanza una coloración amarilla.
Alcanzada la temperatura ideal que es la que indica esta coloración, lo golpean fuerte y uniforme a todo los largo del lado plano de las láminas. El observador de este proceso, notará que el tubo se hincha de uno de los costados. Es en ese sector donde el maestro pone espacial cuidado en no golpearlo.
Al sacar los restos del tubo, luego de dejarlo enfriar, la experiencia y el ojo entrenado del maestro controlará que todo se haya pegado perfectamente. Si no se ha pegado en el centro, es porque le ha faltado tiempo de calentado, no es necesario usar bórax. En vez de un tubo, algunos usan una envoltura de chapa.
Para facilitar el proceso de desmolde, se utiliza acero inoxidable para la primera y la última capa. Si se logra colocar una buena cantidad de láminas, no será necesario el proceso de estirar y pegar.
La ventaja de este sistema es que permite trabajar con aceros de una cantidad de carbono intermedia, ya que casi no tiene perdida.

DIBUJANDO EL DAMASCO

En el forjado del Damasco, existen posibilidades de dibujos base que dejan abierta una infinita gama de otras posibilidades.
Existen métodos donde se infieren marcas por golpe para luego desbastarlas.
Se saca primero material para lograr un dibujo, y recién después aparecerán los dibujos de superficie. No porque sean superficiales, sino porque el mejor dibujo se encuentra a nivel de la superficie.
A determinadas profundidades, como es el caso de los torsionados, hay que estimar previamente a que profundidad se va a tener que devastar para encontrar el dibujo que se busca, para ello tendrá que prever dejar los espesores necesarios. Incluso si busca un dibujo al 50 % , conocido como medio torsionado, tendrá que prever pegar dos torsionados iguales para luego devastar la mitad de cada lado.
Para evitar que se despeguen las primeras capas de un acero damasco recién forjado, el maestro forjador evita apoyar la hoja en un yunque frío, ya que este contacto hace que se enfríen muy rápido. Por eso mantienen la pieza en el aire hasta después de los primeros golpes.
En el arte de dibujar acero damasco, resulta indispensable conocer con anticipación, que movimientos de forja tendrán que hacerse con el material que se va a utilizar, incluyendo aquel que usarán en segundo lugar y que forma se le quiere dar. Una vez que determinaron con claridad el material, la forma y el dibujo, recién se deciden cómo hacerlo.
El forjado del acero Damasco conlleva siempre un hecho artístico ya que no se tiene la exigencia de un modelo predeterminado.
Queda entonces resolver en primer lugar, la forma en que se quiere lograr.
Por ejemplo, si se tiene un material logrado de 5 planchuelas pegadas, estiradas y vueltas a pegar y estirar (como mínimo 5 veces), es inevitable que en todo este proceso el material sufra varios cambios y turbulencias, por lo que al maestro forjador le quedan tres opciones:
La primera es trabajarlo 3 o 4 vueltas más para transformarlo en un turbulento total.
La segunda es optar por torsionarlo para mezclar las líneas en un torbellino.
La tercera es procurar un dibujo combinado con otro damasco.
Los maestros forjadores suelen ensayar muchas de las innovaciones con plastilina de dos colores opuestos. El amasado de la plastilina suele mostrar el comportamiento aproximado que tendrá el forjado.
Una vez logradas las capas, permitirá notar claramente el efecto que se dará en el damasco.
Esto suele contradecir la teoría de que existen zonas “blandas” y zonas “duras”, dado que puede verse claramente cómo se van mezclando los colores. Esta es la prueba de que durante el forjado del Damasco, las capas comparten las propiedades.

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